viernes, 15 de mayo de 2015

La separación y la guardería

En mi experiencia de madre he pasado por dos separaciones. La primera fue como madre de Alexander; mi motivo fue que tenía que regresar a trabajar e ingreso a un CENDI en la sala L.III.

La segunda separación fue como madre de Leonardo, está la sentí más frustrante y me sentía culpable por que tuve que alejarme por un par de horas de mi hijo cuando tenía dos meses, dos semanas y el motivo fue porque tenía que regresar A TRABAJAR Y EN ESTA OCASIÓN YA NO PODÍA GOZAR DE ALGÚN PERMISO DE MÁS TIEMPO, DEBIDO a la economía en mi familia, lo que me reconfortaba un poco era que se quedaría con mi mamá.
Al tener estas dos experiencias y estar en distintas circunstancias pude notar la diferencia de mociones con la separación de distintas edades; pero y en mis hijos ¿Cómo la pasaban realmente con la separación? Fue la pregunta que salto mi cabecita.
Leyendo investigando y preguntando a psicólogas acerca de este tema pude concluir que a veces las separaciones son inevitables y son difíciles
tanto para el bebé o niño como para nosotras como madres y quizá nos sintamos mal por no poder estar con él todo el día; situación que no debe de ser así ya que al regresar y reencontrarnos con nuestros hijos, debemos estar con la mejor actitud para interactuar con ellos.
Cuando nuestros hijos alcanzan entre los seis y ochos meses de edad empieza a operar la ansiedad de separación, que generalmente se manifiesta hasta cumplir los cinco años.
El sistema de ANGUSTIA DE LA SEPARACIÓN esta genéticamente programada para ser muy sensible; por lo tanto es muy importante preparar a nuestros hijos para la separación. Cuando nuestros hijos son pequeños conviene estar presentes los primeros días mientras él se acostumbra y la persona va conociendo las rutinas del bebé; en caso de que asista a una guardería, lo ideal sería que los lleváramos de visita con anticipación para que vayan conociendo el lugar y las personas y así no se sienta entre desconocidos.
Cuando nuestros hijos se separan de nosotras o de sus padres, se afligen y de nada sirve que se les diga: “Oye, no lo tomes de esa manera” o “No seas tonto” porque entonces estamos subestimando por completo el poder de las enormes reacciones hormonales que tiene su cuerpo y cerebro.
Siempre tenemos que avisarles a nuestros hijos cada vez que salgamos, aunque aún no hablen; ya que, el lenguaje de la perdida por el cual están pasando es el mismo que el lenguaje del dolor. Muchos padres aun no comprendemos que el dolor emocional de nuestros hijos es tan real como el físico y optamos por esperar o que se distraiga para poder salirnos y empezar con pequeñas “mentiras piadosas” para evitar que sufran. Este tipo de acciones están muy lejos de tranquilizar a nuestros pequeños y estamos ocasionando que  no confíen en nosotros. Tomemos su dolor emocional de manera sería y actuemos bajo la verdad siempre.
Recuerda que su abrazamos, mimamos, consolamos, arrullamos en nuestros brazos y disfrutamos de la cercanía de nuestros hijos, estaremos estableciendo lazos muy fuertes que ayudaran a nuestros hijos con las jornadas que pasen en la guardería o con las personas que los cuidan.
Tenemos que estar muy alertar y tomar en cuenta las reacciones y las quejas de nuestros hijos (en caso de ser más gran y hablen) en relación con quien los cuida.
Un niño puede tener buen aspecto y no llorar; sin embargo, puede estar afligido. Fomentemos en nuestros hijos la comunicación y en caso de ser bebés la comunicación dew quien lo cuida para estar pendiente a sus logros.
   Con todo mi cariño y corazón…

        …Mamita Fular.

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